enero de 2011, por Alejandro Urman
Un psicólogo, columnista de Opinión Sur Joven, recopiló las preguntas que más frecuentemente le hacen y las juntó todas en esta nota: diferencias entre psicólogos, psiquiatras y psicoanalistas; la relación entre las terapias, la homosexualidad y el divorcio. ¿Por qué los terapeutas no cuentan cosas sobre su vida personal? Aquí algunas respuestas.
Ilustración: Guadalupe Giani
A mis pacientes y a sus preguntas
Muchas veces los pacientes no se animan a preguntar cosas a su psicólogo. Otras veces somos los psicólogos los que no sabemos cómo responder ciertas inquietudes de nuestros pacientes, amigos o familiares. A veces te agarran en un momento extraño, o fuera de lugar; otras veces uno está muy cansado y termina contestando cualquier cosa. Hace no mucho tiempo, estaba bajando en el ascensor con un paciente para abrirle la puerta del edificio después de la sesión. Era un nene de unos diez años, muy inteligente y un poco desafiante. Cuando faltaban dos pisos para llegar me preguntó: “¿Sos gay o tenés novia?”.
No contesté a esa pregunta. Otra hubiera sido mi actitud si el que me preguntaba no era mi paciente. ¿Por qué? Porque hay momentos en que un psicólogo se priva de responder ciertas cosas u omite explicar otras. Esta y tantas otras respuestas se encontrarán a lo largo del artículo.
Es una persona que cursó la carrera de psicología en nivel universitario y obtuvo una licenciatura en psicología. Ya en sus funciones, y una vez obtenido el título, un psicólogo es:
Un poco médico porque es un profesional de la salud mental y se ocupa de aliviar los síntomas que padecen las personas.
Un poco filósofo porque se pregunta algunos aspectos existenciales de la vida y el sentido de las cosas.
Un poco antropólogo porque debe meterse en la vida del paciente y comprender su forma de vida y valores.
Un poco plomero porque se mete a arreglar cosas que no se ven y que pueden tener mal olor.
Un poco ferretero porque debe pensar problemas y soluciones desde una óptica que está fuera de un manual.
Un poco cura porque escucha los “pecados” de las personas.
¿Cómo debe llamarse a un psicólogo?
Generalmente, los psicólogos que trabajan en atención a pacientes son licenciados y por lo tanto se los llama así. Hay psicólogos que han cursado doctorados y son doctores, pero no son la mayoría. Es importante aclarar que muchos médicos, abogados y dentistas sólo tienen un título de licenciados y se los llama de todas maneras “doctores” por costumbre.
No. De hecho un psicólogo puede no ser psicoanalista y viceversa. Se diferencian por la manera de encarar el tratamiento, que muchas veces puede ser diametralmente opuesta. El psicólogo es un licenciado en psicología que ha estudiado muchas teorías, entre ellas el psicoanálisis. El psicoanalista no siempre es psicólogo. Por ejemplo, puede ser un médico que se especializó en las teorías freudianas. Algunas palabras que se escuchan de los psicoanalistas son: inconsciente, acto fallido, análisis de sueños. El diván es el icono clásico del psicoanálisis.
El psiquiatra es un médico que se especializó en psiquiatría y por lo tanto se ocupa generalmente del tratamiento psicofarmacológico. Existen médicos que también se dedican al tratamiento psicoterapéutico. La indicación más común es que un tratamiento psicofarmacológico debe ser acompañado de psicoterapia.
No. El psicólogo social se entrena para trabajar en grupos y no puede atender clínicamente.
Los psicoanalistas usan diván en algunos pacientes. Los que no son psicoanalistas no lo usan.
No. Todas las personas pueden beneficiarse de una terapia, pero no todos están aptos para encarar un proceso terapéutico.
Apunta a que la persona esté mejor consigo mismo y con el entorno.
Los tratamientos pueden durar desde una sesión hasta toda la vida. Esto dependerá de muchas variables como la teoría que sigue el psicólogo que lo guía, el tipo de trastorno del paciente, la gravedad del caso, entre otros.
Muy pocos psicólogos en la Argentina se dedican a la hipnosis, a pesar de ser una práctica muy antigua. El avance del psicoanálisis ha ido a contrapelo de la hipnosis, aunque muchas nuevas terapias se basan en principios de la sugestión.
Los psicoanalistas se ocupan de esto a lo largo de un análisis.
Dependiendo de la orientación teórica del psicólogo, esto se cumple con más o menos rigurosidad. Algunos terapeutas no quieren poblar la mente del paciente con datos personales para evitar que se quede enganchado; se busca que el paciente pueda enfocar su energía en su propio entorno. Por otro lado, la omisión de datos busca que el psicólogo no quede en lugar de un ideal o modelo a seguir. En el caso que comenté al principio, decidí no responder a la pregunta del nene que quería saber “si yo era gay o tenía novia” porque conocer ese dato alejaba al paciente de trabajar las problemáticas que a él le aquejaban.
Eso depende de muchos factores: experiencia del profesional, zona del consultorio, posibilidades de pagar del paciente, tipo de tratamiento y frecuencia.
Esto se debe a que tal vez en la sesión se ha trabajado lo que se debía trabajar y el corte busca hacer una marcación o inscripción que de otra manera no se podría lograr
Es posible. Ningún paciente es igual y hay pacientes que pueden resultar más interesantes que otros. De todas formas, puede afectar el tratamiento si un paciente aburre o divierte demasiado al psicólogo.
Eso depende del terapeuta y su memoria. Yo suelo anotar los datos importantes.
El psicólogo puede decidir no atender a alguien en caso de pensar que no le puede otorgar la atención que merece.
Los psicólogos están tan locos como la población general y la profesión no es un chaleco antibalas contra la locura. Al igual que los médicos y maestros, tiene mucho desgaste mental y puede producir alteraciones en el humor y en la personalidad como lo hacen las profesiones que se dedican al contacto con la gente, especialmente con población enferma.
No sólo no es conveniente, si no que está contraindicado ya que afecta directamente la terapia. Eso no significa que el psicólogo deba ser una momia o agreta, pero debe poder mantener una distancia
¿No es mala educación de los padres?
La terapia con niños sirve y si… muchas veces se debe trabajar con los padres de manera cercana.
Claro que sí. La vejez es una etapa de la vida como la niñez o la adultez. Y siempre puede aparecer un conflicto que requiera terapia.
El psicólogo en sí no debería estar en contra de la institución del matrimonio sin motivo. De todas formas, un psicólogo siempre priorizará el bienestar de su paciente y su entorno; si eso implica deshacer un matrimonio puede sugerirlo. Aunque nunca debe presionar o inducir una decisión así. El psicólogo no es guardián de la moral o de los valores tradicionales.
No existe. La homosexualidad no es una enfermedad o trastorno que deba ser curado desde el enfoque científico de la psicología actual.
No deberían meterse con las creencias de las personas ni los valores morales. Las nuevas teorías están empezando a incorporar valores espirituales a las terapias.
Uno, pero la lamparita debe querer cambiar.
Ilustración: Guadalupe Giani
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