noviembre de 2007, por Alejandro Paggi
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Ninguna de las fórmulas presidenciales en la Argentina fue decidida por medio de internas partidarias. A pesar de esto, las dos listas con mayor intención de voto están encabezadas por mujeres: Cristina Fernández (Frente para la Victoria) y Elisa Carrió (Coalición Cívica). La ley de cupos tuvo mucho que ver en esto.
A las dificultades que aparecen a la hora de decidir quién ocupa cada cargo aparece un “problema” adicional, al menos en la Argentina. El Código Electoral establece la obligatoriedad de incluir al menos un piso del 30 % de lugares para las mujeres en las listas, y en proporciones con posibilidad de resultar electas. Esto agrega una variable más al tener que decidir quiénes integran una lista. Pero por supuesto, tuvo consecuencias muy favorables.
“El cupo femenino ha cambiado positivamente la política argentina. En este sentido, estamos ubicados en los niveles de los países con democracias consolidadas como los escandinavos”, explica De Luca. Ana Maria Mustapic coincide con esta visión, aunque advierte: “Queda mucho más por hacer cuando hablamos de mejorar la calidad de nuestras instituciones.”
Darío Ruiz acuerda con esta opinión: “Desde que existe el cupo femenino hay más predisposición a la participación por parte de las mujeres. Fue una medida positiva porque la política es machista, ya que genera un contexto en donde los hombres se sienten naturalmente más cómodos que las mujeres para ejercerla.” Y haciendo un poco de historia, agrega: “Además, teniendo en cuenta los avances que tuvieron en el último siglo con el voto femenino, por ejemplo, es impensable no hablar hoy de una igualdad de género en el campo electoral”.

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