Biocombustibles
Informe especial, segunda parte
mayo de 2010, por Daniel Galvalizi
En la primera parte de este informe especial sobre biocombustibles , te explicamos qué son el biodiesel y el bioetanol, cómo ayudan a combatir el cambio climático de la mano de la lucha contra la pobreza y el caso argentino como ejemplo virtuoso para lograrlo.
En esta segunda parte, vamos a ver cómo se está saldando la (¿falsa?) dicotomía entre producción de biocombustibles versus alimentos básicos baratos y las innovadoras vueltas de tuerca que desde todos los puntos del planeta se le está dando al sector para poder producir más y mejor.
Desde el fenomenal repunte de los precios de los commodities que se viene dando desde principios de siglo, algunos críticos del uso de biocombustibles apuntan contra ellos argumentando que destinar materias primas de alimentos para el suministro de energía es un desatino en un mundo donde se pasa más hambre de la que moralmente se puede soportar.
Estos cuestionamientos son básicamente contra el bioetanol a base de maíz, alimento base de las dietas de pueblos como el mexicano y centroamericano.
Sin embargo, el resto de los elementos que se usan para generar biocombustibles, como soja, palma, colza, jatropha y caña de azúcar, no son alimentos que pueden impedir nutrir a los sectores más pobres. El caso de la soja es especial: sus condiciones nutritivas son innegables y buena parte de su producción mundial es destinada a alimentar cerdos y pollos o para aceite.
Con respecto al azúcar, que no es un alimento en sí sino un ingrediente, si se dejara de lado el maíz y se volcara todo el mercado a producir bioetanol sólo a base de caña, probablemente su precio subiría. Pero difícilmente alguien pueda cuestionar que países como Cuba, Haití o incluso el pauperizado norte argentino perciban mejores ingresos por un aumento del precio azucarero.
“Muchas de las críticas contra los biocombustibles provienen desde países miembros de la OPEP, una organización que es un cártel”, asegura en diálogo con Opinión Sur Joven el director ejecutivo de la Asociación Argentina de Biocombustibles e Hidrógeno, Claudio Molina, trayendo a la mesa una verdad inocultable: cuanto más se usen suministros alternativos, menores serán los precios y el poder de presión político y económico de los países petroleros.
“Es lógico que el presidente de Venezuela (Hugo Chávez), por ejemplo, promueva un petróleo caro y alimentos baratos, puesto que su país es estructuralmente exportador de petróleo e importador de alimentos”, reflexionó.
Según él, en el mundo sobran alimentos, y el hambre no se debe a que se desvíen cultivos para energía. “Es producto de siglos de ineficiencia política y económica y de corrupción, elementos que atentaron contra la dinámica de inversiones en los países en desarrollo y que generaron una pésima distribución del ingreso, factor determinante para que grandes porciones de la población no puedan acceder a una alimentación digna”, opina.
Molina pide discutir el dilema entre alimentos y energía sin promover posiciones extremas fundadas en intereses particulares de los productores petroleros. También pide dar de baja algunos prejuicios. “Muchas de las voces de alerta contra los biocombustibles coinciden en sus críticas contra los productos agrícolas transgénicos. Pero seguramente si los transgénicos se hubieran originado en un país como Suecia y no en Estados Unidos, los prejuicios casi hubieran desaparecido”, agrega.
Además, Molina remarca que la disparada de precios en los commodities agrícolas (que tuvo un notable freno y bajón con el estallido de la crisis financiera en septiembre de 2008) se derivó primeramente de la estampida del valor del petróleo (que influye en el alza de costos por los agroquímicos, fertilizado, industrialización y transporte) y en segunda instancia por el cambio estructural de la demanda de cereales y oleaginosas por parte de China e India.
Tampoco se puede olvidar la influencia de las diferentes sequías en países productores y la actividad de fondos de especulación, que encontraron en los commodities una oportunidad de negocios ante un dólar más débil. “Recién después de todas estas causas, aparecen los biocombustibles, cuya demanda de materias primas agrícolas no supera el equivalente a un 4% de la superficie implantada con cultivos en todo el mundo”, enfatiza.
“Paralelamente, recordemos que los granos influyen muy poco en la estructura de precios de muchos alimentos. Por ejemplo, el trigo influye menos de un 20% en el precio del pan. Esto mismo ocurre con la tortilla de maíz. Es injustificable suponer que aumentos de hasta 200% como los ocurridos un tiempo atrás tengan como causa el aumento de la producción de bioetanol en Estados Unidos”, explica.
En su diatriba en contra de la “falsa dicotomía”, Molina esboza una perspectiva poco escuchada pero muy interesante: “Frente a la exageración del dilema alimentos-energía, debemos considerar también el dilema agro-ganadería". Según esta idea, si los cientos de millones de toneladas que se utilizan en el mundo para alimentar porcinos y aves, se destinaran al bienestar de la población, se acabarían los problemas de hambrunas. Imposible no volver a reflexionar lo que desde esta sección hemos dicho varias veces: no habrá desarrollo sustentable definitivo hasta que no se cuestione y repiense nuestra forma de producir y consumir.
La industria a nivel global está a la caza de oportunidades para producir energía alternativa o aprovecharse de ella, especialmente en los países donde se lo promueve. Si bien las razones pueden ser los beneficios fiscales que algunos Estados aportan a quienes procuran desarrollo sustentable, o incluso una buena estrategia de marketing que apunte a conquistar consumidores responsables, a veces simplemente es una cuestión de costos y competitividad.
Uno de los últimos hitos en la región en este tema fue la inauguración por parte de General Electric y Petrobras de una turbina de gas inédita en el mundo que genera electricidad a partir de bioetanol y que será destinada a una termoeléctrica de la petrolera estatal brasileña que opera en Juiz de Fora, municipio del estado de Minas Gerais. No es casualidad que en el evento estuvieron presentes los presidentes de Brasil, Lula da Silva, y de GE para Latinoamérica, Darryl Wilson. Brasilia hace 35 años promueve el avance de bioetanol (es el mayor productor y exportador mundial), y la sinergia con la industria para potenciarlo es clave.
Pero en otras latitudes también innovan. Según una información distribuida por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), un organismo dependiente de la Organización de los Estados Americanos (OEA), una compañía danesa de biotecnología, Novozymes, anunció el lanzamiento de una nueva molécula que permite producir biocombustibles de segunda generación a partir de residuos agrícolas.
Este logro hará posible la producción de bioetanol a precios más competitivos. Y avivará el dilema alimentario: al ser de segunda generación, se utilizan materias orgánicas que no pueden destinarse a la alimentación, como la madera o residuos vegetales.
Con este nuevo producto en enzimas, denominado Cellic CTec2, se podrá producir bioetanol a base de celulosa por un precio inferior a los 50 centavos de dólar el litro en los primeros lugares de producción, que estarán listos a partir de 2011.
Por otra parte, un grupo de investigadores de los Emiratos Árabes Unidos se embarcaron en un proyecto para crear combustible a partir de cosechas que toleren el agua salada, cultivadas en el desierto, para lo cual construirán una granja de demostración que combinará la cría de pescado con el cultivo de árboles manglares y Salicornia, una planta con semillas ricas en aceite que se pueden convertir en combustible.
¿El objetivo de tamaña empresa? Producir biocombustibles sin usar tierras destinadas al cultivo de cosechas alimenticias o sin usar grandes cantidades de agua dulce. Este proyecto cuenta con el apoyo de varias compañías importantes, como Boeing o Etihad Airways (la aerolínea nacional de los Emiratos).
Como vemos, la pujanza de la industria y de la ciencia es clave para buscar alternativas a los combustibles fósiles y frenar la emisión de gases de efecto invernadero. Es claro que si no hay rentabilidad de fondo, sólo será el Estado el que pueda avanzar en esa dirección.
Pero para lograr competitividad junto al desarrollo sustentable, que no es más que rentabilidad a largo plazo contemplando el medio ambiente, la iniciativa privada y académica es esencial. El Estado tendrá un rol indelegable para asegurar un derecho primario como la soberanía alimentaria y la nutrición de la población, metas que no son enemigas obligatorias de los biocombustibles.
Ya es hora de evitar las falsas dicotomías y las polémicas sesgadas con ideologismos o intereses. Nos espera un planeta que desespera.
Ilustración: Guadalupe Giani
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Links de interés:
Primera parte de este informe especial sobre biocombustibles
¿Qué es la OPEP?, Organización de Países Exportadores de Petróleo
Asociación Argentina de Biocombustibles e Hidrógeno
Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA)

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