Opinion Sur Joven

Nº71

La juventu’ está perdida

El conocimiento ayer y hoy

mayo de 2010, por Pablo Winokur

Imprimir

Se critica a los jóvenes por la falta de conocimiento, porque no saben escribir, porque no saben hablar, porque no somos como los más grandes fueron o dicen que fueron en su generación. La siguiente nota intenta refutar esas críticas y asegura que las comparaciones siempre se basan en datos y anécdotas incomprobables.

No saben nada. No saben escribir, ni expresarse por escrito. Los acentos podrían desaparecer de la lengua, si fuera por ellos. No conocen a los presidentes que tuvo este país, apenas saben lo que fue el Proceso y lo que pasó en la Argentina en la década del 90. No distinguen a escritores, músicos, librepensadores… parece que el mundo empezó con ellos. Y para colmo están indisciplinados, sacados, se creen que se pueden llevar todo por delante. Debutan sexualmente cada vez más temprano y lo único que saben hacer es drogarse.

Palabras más, palabras menos, esta es la descripción que muchos adultos hacen sobre los jóvenes. La juventú’ está perdida. Tengo casi 28 años. Lo que sigue es una defensa a mi generación y a las generaciones que me siguen. No es una defensa corporativa, ni mucho menos, porque algunas de esas frases también son repetidas por gente de mi edad, que critican a los que tienen 15 o 20 años. Creo que las críticas intergeneracionales son fáciles y cómodas porque permiten creer que uno fue mejor que quienes hoy están. Después de todo, es incomprobable para mí saber si fui mejor o peor alumno que quienes hoy cursan la secundaria o la universidad.

“Antes se estudiaba en serio, no como ahora. Yo trabajaba y tenía poco tiempo para estudiar. Me iba a las ocho de la mañana a la Biblioteca Nacional y pasaba horas ahí sentado. Por ejemplo, me leí la colección completa del diario La Nación entre 1916 y 1920 para hacer un trabajo. Hoy, los muchachos no hacen eso”. El relato parte de la boca de uno de los más importantes abogados constitucionalistas del país.

Uno de los mitos sobre el conocimiento dice que los jóvenes de hoy estudian menos que los de ayer, que no quieren esforzarse y que conseguir un título es cada vez más fácil. Es cierto que comparativamente es más sencillo obtener un diploma de grado en una universidad. Mis viejos (que superan los 70 años) pertenecen a una clase media ilustrada pero no lograron completar la universidad. ¿Por qué? Una opción es pensar que aquellas casas de estudio eran más exigentes y que ellos no pudieron seguirle el ritmo. Como contracara también podríamos pensar que se criaron en otra generación que consideraba importante, pero no vital, tener un diploma profesional. La expresión “mi hijo el doctor” habla de una sociedad que valoraba la educación universitaria, pero que también la veía como un anhelo difícil de alcanzar. El título era un honor importante, pero no era central a la hora de garantizar calidad de vida. Hoy “cualquier idiota tiene un título”, pero para ser mozo se necesita el secundario completo.

Hasta acá la primera reflexión. Pero hay más. El constitucionalista citado al comienzo de este subtítulo decía haberse pasado días enteros estudiando en una biblioteca, aún cuando trabajaba muchas horas. Algo que, según él, los jóvenes ya no hacen. Es cierto que la biblioteca como espacio de estudio quedó deteriorada. Y aunque la imagen del hombre que se queda a dormir con miles de libros es mucho más romántica, hoy ya no es necesaria. Internet actúa como una gran biblioteca y acceder a comprar los libros afortunadamente no es imposible.

Por otro lado, si bien existen algunos privilegiados que se pueden dar el gusto de estudiar sin trabajar, no creo que sean mayoría. Y por último, como advertí al inicio, el hombre que hacía esa crítica es uno de los más prestigiosos abogados constitucionalistas del país. ¿Cuántos de sus compañeros de camada pueden ostentar el mismo reconocimiento? ¿Cuántos de sus compañeros ni siquiera llegaron a terminar sus estudios? Cuando él critica a mi generación, lo hace poniéndose a sí mismo como parámetro… seguramente en su época de estudiante él también estaba por encima del promedio; seguramente hoy hay jóvenes por encima de la media que le dedican a su carrera mucho más que otros que se tiran a chantas. Generalizar para un lado o para el otro es al menos erróneo.

Para el ingreso a una importante empresa argentina se toma un test de cultura general a quienes aspiren a trabajar ahí. Las preguntas las pensaron los jefes, todos tipos entre 50 y 60 años. Entre otras cosas se preguntaba qué políticos argentinos recibían los siguientes apodos: “el Tío”, “el Chino”, y “el Bisonte”.

Mi especialidad es la política y desde que tengo siete años conozco todos los candidatos que se presentaron a una elección en la Argentina. Sin embargo, sólo pude responder a una de esas preguntas. Tengo la certeza de que pocas o ninguna persona de mi generación puede reconocer esos apodos. Todos ellos pertenecen a políticos que fueron claves entre las décadas del 50 y 80, en promedio: Campora, Balbín y Allende. Sólo uno de ellos fue presidente durante menos de dos meses. Estar al tanto de sus apodos es casi misión imposible para quienes conocimos sus nombres y acciones a través de los libros de historia.

Los test a los que hago referencia fueron pensados por contemporáneas a esos políticos, que leyeron diarios en los que se los mencionaba todos los días, que vieron cientos de caricaturas sobre ellos (allí es donde más se resaltan los rasgos de los que suelen derivar los apodos) y seguramente votaron a alguno. Para mí, los tres son personajes secundarios de la historia argentina. Ellos fueron protagonistas 10, 20 ó 30 años antes de que yo naciera. ¿Me pregunto cuántos de aquellos que hoy tienen entre 50 y 60 años conocen los apodos de los políticos opositores de los años 30?

Y lo mismo se puede replicar en otras áreas de la cultura: músicos, escritores, cineastas. El problema es que se nos exige conocer hechos y personajes que no vivimos como si lo hubiéramos vivido. Se nos critica a nosotros por no conocer a personajes que fueron clave hace 30 años, pero no se castiga con la misma vara la ignorancia de las generaciones más antiguas sobre Internet, las nuevas tecnologías o el bajista del grupo Miranda.

Cada generación actúa y piensa que su propia generación es la única. Los optimistas creen que es la mejor; los pesimistas la consideran la peor. Por supuesto que cada una adquiere los vicios y virtudes de los tiempos en los que vive. Pero cada individuo es único y las generalizaciones son odiosas: comparar al peor estudiante de una camada actual con el mejor de una de hace 40 años es injusto para nosotros.

Esto no nos exime de errores. Seguramente tenemos que capacitarnos y mejorar. Pero para eso, también necesitamos la ayuda y la comprensión de aquellos que nos preceden.

¿Te gustó esta nota? Suscribite clickeando acá

+Info

Encuestas sobre conocimiento:

El lenguaje adolescente, chino básico para adultos, resultados de un estudio de cultura general que fue realizado a adultos

Los jóvenes buscan noticias en TV, un estudio que refleja los hábitos de los jóvenes de hoy

La generación de la memoria Light, una encuesta que arrojó como resultado que la mayoría de los jóvenes menores de 25 años no conocen con claridad lo que ocurrió en la Argentina a partir del 24 de marzo de 1976

Comentarios

  • por laqua | 3 de mayo de 2010 21:00

    Me gustó la nota. Como comentario, nada más, agrego que trabajo en una Universidad, e independientemente de lo generacional, veo un deterioro bastante grave en las habilidades comunicacionales de los alumnos, que redunda, entre otras cosas, en dificultades a la hora de estudiar, porque no entienden los enunciados de los problemas ni las explicaciones de los libros. Me parece que es grave en la medida en que representa un obstáculo en el camino a recibirse. No lo achaco a las generaciones; me gustaría saber qué está pasando para que muchos de estos chicos no sean capaces de distinguir un dato de una pregunta en un problema. O para que no sean capaces de distinguir si las respuestas que encontraron en Internet responden efectivamente a la consigna. ¿Hay un problema con esto o yo tengo una visión parcializada de la realidad?
    • por Amma | 4 de mayo de 2010 01:16

      Buen día. En caso a tu inquietud te comento que eso es algo que también evalúo. Debo ser sincera, las únicas veces que pise una facultad es para anotarme en carreras que nunca inicié. Pero estudié de modo independiente, en libros que consigo y a veces compro fotocopias de bibliografía que venden cerca de las facultades. Doy clases barriales de métodos de estudio, y asimilación de conceptos. Me encuentro con jóvenes que no saben como agarrar un texto sin "morder". Si bien la educación debe tener su atractivo, considero que se están esmerando demasiado en hacer de las aulas salas de juego para que "no se aburran y se vayan". Los materiales de estudio de las escuelas no los preparan para enfrentarse a textos puros. A esto considero pertinente sumarle la escaces de vocabulario y saliva en las conversaiones. Usan menos palabras. Tienen menos herramientas para defenderse. Esa es mi humilde opinión, espero haberte ayudado.
  • por Mariel | 7 de mayo de 2010 00:35

    Hola! La verdad no soy de comentar mucho... solo cuando una nota me gusta mucho. Realmente este texto hizo de que me identificara mucho, tengo actualmente 19 años, y puedo asegurar que no escribo mal, que amo leer, que la Universidad me cuesta (estudio en la Facultad de Derecho de la Universidad de Tucumán), y como decis vos, tenemos la posibilidad de tener los libros en casa y otras facilidades que antes no se poseia... Pero soy fiel convencida de que para trinfar hay que esforzarse! Y en ninguna Universidad te regalan el Titulo. Todo esto también deriba del gran deterioro de la Escuela Secundaria, y los profesores en su mayoría son adultos... no jóvenes. Actualmente y como siempre sucedió la educación de casa es primordial, solo que antes los padres estabn más presentes en las crianzas de sus hijos, entonces también planteo yo... ¿Como actúa un jovén que se crió con escaza presencia de sus padres? Muchos estan solos y eso es no es culpa de ellos sino que deriba de una especie de metamorfosis en la sociedad.

    Sin más que decir... reitero te felicito. Y gracias por defender a los jóvenes que en nuestra sociedad estan expuestos a recurrentes criticas. Saludos

  • por Cucumber | 7 de febrero de 2011 09:35

    Muchas gracias por tocar este problema. Se trata de un problema social grave. No sólo para la Argentina, sino también para todo el mundo. Los jóvenes siempre están descuidados y subestimados. También hay una buena parte de su propia culpa en todo esto, por supuesto, si no se puede confiar. Pero nadie nunca ha pensado en profundidad por qué no se puede confiar? Para establecer la relación causa-efecto parece ser bastante difícil en esta situación. Eso es alimento para el pensamiento profundo.

Las novedades

Sumate a Opinión Sur Joven
julio de 2011
"Voces no Ecos" Asistencia en comunicación digital
junio de 2011
Convocatorias
junio de 2011
+ info: El cine y la crisis
junio de 2011
technorati
junio de 2011
Add to Technorati Favorites

Últimos artículos

La COP de Durban
febrero de 2012
Conclusiones sobre el cambio climático
Aprendizaje en línea
febrero de 2012
Políticas públicas educativas que buscan acortar la brecha digital
Premios y Financiamientos
febrero de 2012
Cursos y Maestrías
febrero de 2012
Cooperación internacional en 2012
febrero de 2012
Tendencias y prioridades de la ayuda externa

Links

Ficción Burana
Pipilandia
Voces no Ecos
PIEDRA POME
Argentina Elections-Elecciones Argentina
Un muy buen sitio con información actualizada sobre las elecciones en la Argentina.

::: Buenos Aires ::: Salguero 2835 7B (C1425DEM) ::: (54 11) 4801-8616 ::: Argentina :::

::: Rosario ::: Maipú 778, 1er. piso, Oficina 12 ::: (54 341) 4111924 ::: Santa Fe ::: Argentina :::