¿Que fue lo que realmente sucedió en la Argentina 200 años atrás?
mayo de 2010, por Leila Mucarsel
El 2010 nos encuentra celebrando el Bicentenario de las revoluciones de muchos de los países de América del Sur. Esta fecha representa un buen momento para indagar en torno a qué sucedió en aquellos tiempos. Si ya te estás preguntando por qué debería interesarnos algo que pasó hace 200 años, tengo dos respuestas para darte. La primera es que, ya que este año festejamos, es importante saber qué celebramos y por qué. La otra respuesta es que la historia y el presente confluyen, es decir, lo que somos hoy tiene que ver con lo que pasó ayer. Escondidas detrás de los oscuros y densos telones de una historia no tan lejana, hay anécdotas e ideas sobre el futuro del país. Si uno se pone a rastrear un poco, descubre una fuerte conexión entre los debates y los desafíos de entonces, con los de América Latina hoy. En esta nota te invitamos a pensar que se oculta tras la célebre Revolución de Mayo de 1810. 200 años: 1810-2010.
Seguro de algo te acordás: Napoleón, estaba conquistando toda Europa y toma el poder en España obligando a renunciar al rey Fernando VII; los criollos, entonces, se dan cuenta de que el virrey ya no representa más al rey (porque fue depuesto) y no quieren obedecer más sus órdenes. Esa es la causa que más nos cuentan sobre la Revolución de Mayo.
Pero la historia es mucho más complicada. Resulta que España estaba desde hacía décadas en decadencia y está coyuntura sólo se encargaría de precipitar contradicciones que venían de mucho antes. En otras palabras, la invasión a España fue la gota que colmó el vaso.
¿Pero qué pasaba desde antes? España había impulsado desde 1776 un profundo cambio de régimen, en los que muchos historiadores describen como un intento por reorganizar el espacio colonial para que este fuera nuevamente el trampolín desde donde lanzarse a recuperar la gloria perdida. Imagínense la América española de entonces, un enorme territorio que desde hacía siglos estaba gobernado desde lejos, con el margen de libertad que implica que el Rey esté a un océano de distancia, y al cual de repente se le impuso un sistema con mayores obligaciones y controles por parte de la Corona. Un ejemplo, ¡Dieron la orden de talar todos los cultivos de olivos y tabaco sólo porque eran competencia para los cultivos españoles!
En esa época se creó el Virreinato del Río de la Plata, que aunque a veces nos olvidamos, comprendía las actuales repúblicas de Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay. Antes de eso Buenos Aires y Tucumán dependían de Lima, mientras que la región de Cuyo dependía de Chile. Lo cierto es que el régimen colonial estaba agonizante. Las fallidas invasiones inglesas de 1806 y 1807 al Río de la Plata mostraron que el régimen colonial español estaba débil.
Al invadir Napoleón España, todo el pueblo español respondió. El 2 de mayo de 1909 se inicia un levantamiento nacional. Se organizaron las llamadas “Juntas populares” que asumieron la representación del poder vacante, y estas se unificaron en la llamada Junta Central. Se convocaron diputados en Cádiz, incluyendo diputados de las posesiones americanas. Esa fue una gran inspiración para los hombres de Mayo, que no fueron muy originales: acá le pusieron Primera Junta de Gobierno a la estructura que nació en reemplazo del Rey.
Hubo dos factores más que “empujaron” a la revolución. Uno, el hecho de que habíamos creado nuestras propias milicias que habían podido vencer a uno de los ejércitos más poderosos del mundo, el de los ingleses, pocos años antes. El otro, las ideas que venían pegando fuerte en un mundo que estaba cambiando rápidamente. Apareció el concepto de la “soberanía popular”, que sostiene que el poder pertenece al pueblo y vuelve a este si queda vacante.
Pero claro, había posturas muy distintas que iban desde los que intentaban defender la soberanía española y los que pretendían la ruptura definitiva con la metrópoli. También había intereses muy diferentes. Por un lado, un grupo constituido por los comerciantes e importadores (apoyados por los ganaderos) interesados en terminar con la obligación de comerciar sólo con España, para poder hacerlo con Inglaterra y el resto del mundo. Por el otro, existía un sector muy influyente de la ciudad-puerto (Buenos Aires) cuyos intereses mercantiles, engrosados al amparo del régimen monopolista, temían convertirse en las principales víctimas del librecambio anunciado por los británicos. Un tercer grupo, liderado por Mariano Moreno, tenía las ideas que podríamos llamar más revolucionarias: querían crear una verdadera república en estas tierras, luchar por la independencia de la América hispana unida e impulsar la igualdad entre los habitantes de la región.
Estos tres aspectos suelen ser los menos mencionados cuando hablamos de la revolución…y que tienen mucho que ver con lo que vivimos hoy. Veamos de qué se trata cada una de estas. Pero antes recordemos que estas ideas no fueron las que mayor éxito tuvieron en aquel momento: Moreno y sus afines tuvieron menor peso en la Primera Junta que el sector más conservador liderado por Cornelio Saavedra. Moreno fue enviado a Europa y murió durante el viaje en barco.
Con la revolución va perfilándose la idea de igualdad, es decir, que no debe haber privilegios, que cada ciudadano es igual al otro. Recordemos que en la sociedad de entonces sólo se consideraba “vecinos” (esto sería personas con derechos) a “la parte más sana y principal”, que tenían “casa puesta, familia y trabajo honorable” y que todavía estaba permitida la esclavitud.
La participación política estaba restringida a poquísimos. Basta ver el “Decreto sobre supresión de honores al Presidente de la Junta y a otros funcionarios públicos” que Moreno impulsó para entender qué radical era el cambio que se venía.
Dice Norberto Galasso, “Para la historiografía liberal, Mayo fue una revolución separatista, independentista, antihispánica, dirigida a vincularnos al mercado mundial" ¿Qué se esconde detrás de esta interpretación? Es cierto que a partir de 1810 se abrió la economía argentina al mundo, pero eso no fue un gran logro para gran parte del país. Buenos Aires fue la única provincia que se benefició ampliamente con esta medida; era la ciudad-puerto y a ella iban todos los impuestos que se cobraban en la aduana. Mientras tanto, las provincias del interior se empobrecieron porque sus productos (cueros, vinos, tejidos, etc.) no pudieron competir con los extranjeros.
Este debate sobre la apertura o no de nuestra economía y sobre las ganancias del puerto se mantuvo vivo durante décadas y fue uno de los más grandes motivos de las discusiones y batallas, durante más de 40 años a partir de la revolución.
En una de sus principales obras, “Plan de Operaciones”, Moreno propone expropiar a 5000 o 6000 personas pudientes (prestamistas, ganaderos, grandes comerciantes monopolistas) a fin de obtener un capital de 200 o 300 millones de pesos “que serían puestos en diferentes giros en el medio de un centro facilitando fábricas, ingenios, aumento de agricultura, etc.”. Para así producir, “en pocos años un continente laborioso, instruido y virtuoso, sin necesidad de buscar exteriormente nada de lo que necesitaban para la conservación de sus habitantes”8. Lejos de soñar con un Estado modesto, desinteresado, “libre” y generoso, tal como les convenía a los ingleses, Moreno proyectaba compensar la debilidad de las fuerzas económicas nacionales con el fortalecimiento del Estado, asignando a este una función de empresa, de banquero e industrial, para sentar las bases de un capitalismo nacional todavía inexistente.
Somos un país porque no pudimos integrar una nación y fuimos argentinos porque fracasamos en ser americanos. (Jorge Abelardo Ramos).
San Martín y Bolívar, jamás pensaron nuestra independencia aislada de las demás regiones de la América hispana. Nuestra nación había nacido en límites más vastos y complejos que los que hoy nos definen como Estado. Dice Simón Bolívar: “La Nación, que hasta 1810 era el conjunto de la América hispana, y en cierto sentido también España, se disgrega en una polvareda difusa de pequeños estados. Disputas entre vecinos por mezquinas lonjas territoriales, con los “buenos oficios” de los grandes Imperios, hacen que América latina pierda su unidad nacional”.
Planteábamos al inicio que es este un momento propicio para preguntarnos qué pasó en la Revolución de Mayo. De cierta manera, opino que la revolución fue cubierta con múltiples capas de pintura como se hace con aquellos cuadros que se intenta preservar de futuras miradas.
Pienso en mi generación, en la que hoy vive su juventud en tiempos del bicentenario. Nosotros que en los actos del colegio repetimos varias veces las valiosas “máximas” de San Martín a su hija Merceditas, pero pocas veces nos hicieron debatir el fuerte carácter americano de su ideario, de aquel San Martín que junto con Simón Bolívar, Mariano Moreno, Bernardo de Monteagudo y tantos otros, siempre soñó con América del Sur como una sola Nación, como una Patria Grande. Recuerdo citas completas del Facundo de Sarmiento, pero nunca jamás escuché hablar a lo largo de mi formación primaria, secundaria y universitaria del Plan de Operaciones de Moreno y sus revolucionarias propuestas tales como expropiar ricos para impulsar el desarrollo de una economía nacional, o la de fomentar un Estado fuerte e interventor como único camino posible para nuestra grandeza.
Sin dudas, pero como todas las revoluciones políticas, sociales y económicas no nació un día, ni terminó justo después de comenzar. Al igual que todas las revoluciones, no fue pacífica ni estuvo libre de discusiones. Quizás sus resultados no fueron los que soñaron algunos de sus gestores; y la derrota de esas ideas significó que no trajera consigo los cambios radicales que implica una verdadera revolución. Podríamos hablar de una revolución frustrada.
Sin embargo, aquello que hubo de revolucionario ese 25 de mayo está hoy profundamente cargado de sentido: la idea de soberanía popular, la necesidad de poner fin a los viejos privilegios y prerrogativas de sectores minoritarios de la población, la tarea de desarrollar las economías regionales respetando el federalismo, la importancia de buscar camino conjunto para América latina en unidad y de impulsar su desarrollo autónomo para terminar con la dependencia de toda nación extranjera… Ese sentido, 200 años después, viene dado porque esa tarea está incompleta, porque esos mismos desafíos hoy siguen vigentes, quizás más que nunca.
La realidad que vivimos en muchos de los países de nuestra región, después de sobrevivir a uno de los ciclos más feroces en la historia del capitalismo, es sin dudas esperanzadora: vivimos tiempos en los que es posible pensar un desarrollo con igualdad e inclusión, hablar de la UNASUR como un proyecto real, pensarnos otra vez como pueblos hermanos y unidos como nos asumieron los héroes de nuestra independencia.
Pero hoy, igual que en aquel Mayo, siguen vigentes también intereses mezquinos y egoístas. Es necesario por eso comprometernos, trabajar con convicción por esos ideales, el legado más valioso de la revolución. Celebremos el bicentenario luchando por hacer realidad aquel proyecto, que a pesar de que muchos quisieron enterrar, sigue vivo en el corazón de nuestros pueblos. Ese sí que es un motivo para celebrar: ¡Viva la revolución!
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Fuentes de este artículo:
“Argentina se hizo así”, Félix Luna
“Revolución y Contrarrevolución”, Jorge Abelardo Ramos
Historia de los Partidos Políticos Argentinos, Departamento de Historia Colegio Nacional de Buenos Aires (2004)
“Decreto sobre supresión de honores al Presidente de la Junta y a otros funcionarios públicos”
Una película:

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