noviembre de 2011, por Francisco Zicari
En algunos países hay presidentes; en otros primeros ministros o cancilleres. ¿Qué diferencias existen entre estas figuras? ¿Los reyes siguen teniendo poder de decisión? Presidencialismos, semipresidencialismos y parlamentarismos. Conceptos claves para entender las diferencias y similitudes en las formas de gobierno.
Ilustración: Guadalupe Giani
A través del tiempo, las formas de gobierno fueron cambiando en función de intentar ser más democráticas y poder proveer mayores soluciones a los ciudadanos. Desde las antiguas monarquías europeas hasta hoy, las múltiples herramientas que fueron introducidas hicieron del sistema político un proceso más complejo. Sin embargo, no es sólo la dificultad lo que caracteriza a las formas de gobierno actuales, sino las diferencias entre sus figuras.
Los roles de los ministros, el presidente, el parlamento o congreso; y en algunos casos, los reyes, causan en muchas ocasiones confusión en cuanto al rol que tiene cada uno.
Los parlamentarismos
El sistema parlamentario de gobierno surge en Europa durante la modernidad como un mecanismo de control hacia los reyes gobernantes. En ese entonces, el rey o reina era realmente quien gobernaba en una negociación constante con los nobles y el clero para conseguir el aval económico o político. Pero ante la demanda de una mayor participación en el gobierno, esta forma evolucionó y se estableció un parlamento. El rol monarca pasó entonces a ser una figura más tradicional.
Un claro ejemplo de sistema parlamentario es el Reino Unido. Hay un monarca, que es la Reina Isabel II, y también hay un primer ministro, que es David Cameron. Los ciudadanos votan a quienes quieren que formen parte de un parlamento. Una vez conformado, sus miembros deciden quien será el primer ministro. En los parlamentarismos, esa figura representa al jefe de gobierno y el monarca al jefe de estado.
Para decidir quien es el primer ministro dentro del parlamento es necesario llegar a una mayoría de votos. Muchas veces, debido al resultado en las elecciones, no es necesario formar ninguna coalición con otros partidos. Pero en otros casos, no queda otra opción que juntarse con otra fórmula para lograr una mayoría y nombrar a un primer ministro. Luego, el partido que obtuvo más votos negocia para llegar a una mayoría y, a cambio, cede algunos puestos en los ministerios del gobierno. Esto puede significar cierto tipo de inestabilidad en los gobiernos. Por ejemplo, Italia es un caso en donde se da un sistema parlamentario inestable: se forma un gobierno de coalición con muchos partidos y esto atenta en contra de la continuidad del primer ministro al poder, quien está en negociación constante con los partidos para que el gobierno no caiga.
La legitimidad del monarca es histórica, generalmente se denomina a su figura como una “bandera que camina y habla”. No tiene atribuciones más que formales y simbólicas, como por ejemplo el nombramiento del primer ministro. Por el contrario, este último es quien encabeza el gobierno bajo la legitimidad otorgada por el parlamento.
Un caso curioso es el de Alemania, que si bien no tiene monarca, la figura del presidente se asemeja en sus funciones. Allí, el actual presidente Christian Wulff cumple con tareas estrictamente protocolares. Además, el primer ministro es conocido como canciller.
El semipresidencialismo
El semipresidencialismo es tal vez la forma de gobierno más compleja, además de ser la que más figuras y componentes tiene. Su funcionamiento se basa en la elección democrática del pueblo al presidente y a la asamblea, quienes luego son los que eligen al primer ministro.
El mejor ejemplo para entender esta forma de gobierno es Islandia. En cuanto a funciones, el presidente de la República, Ólafur Ragnar Grímsson, reglamenta leyes, controla la burocracia administrativa, propone referéndums, entre otras acciones. Por el contrario, el primer ministro ejerce su mandato en cuestiones que sólo se remiten al poder ejecutivo, al igual que los demás miembros del gabinete de gobierno.
El semipresidencialismo puede tornarse complejo por el hecho de que son dos las figuras que se encuentran al mando. Hay casos en donde la representación del presidente es más fuerte que la del primer ministro -como en Islandia-; o casos en donde el presidente cumple una función más de regulación o control, como en Francia. A esta situación se la conoce como el “Aguila de dos cabezas” o “Cohabitación”.
El Presidente todopoderoso
El sistema presidencialista es quizá el más conocido en toda América por ser la forma de gobierno de la mayoría de los países en el continente. En estos casos, el presidente comparte la jefatura de estado y la jefatura de gobierno.
El pueblo vota al presidente junto con la lista de legisladores. De esta forma, en el poder ejecutivo, se da un juego de suma cero: uno gana todo mientras que los demás se quedan con nada. El gabinete de ministros es una especie de secretaria privada, no requieren de legitimidad por parte del pueblo, del poder legislativo ni del judicial. El poder legislativo ejerce cierto tipo de control sobre el presidente, como por ejemplo la aprobación del presupuesto, los nombramientos en las Fuerzas Armadas, la ratificación de tratados internacionales y hasta el juicio político. Para que se de un juicio político al presidente, es necesario que se de una mayoría de 2/3 en el poder legislativo, ya sea para acusarlo de algún delito o sustituirlo.
El presidencialismo no requiere una nueva votación en caso de que el primer mandatario muera. El vice asegura automáticamente la continuidad del gobierno.
Recientemente, en algunos países latinoamericanos, se introdujo la figura del jefe de gabinete o jefe de ministros como una herramienta para descomprimir la presión sobre la figura presidencial.
Las formas del gobierno no son complejas, están diseñadas de forma tal que funcionen a los requerimientos del pueblo. Es muy difícil que un país cambie radicalmente su régimen, para eso es necesario modificar la constitución a través de un complejo proceso. Lo importante es que existan métodos de control mutuos entre los diferentes poderes y que la máxima sea lograr que un estado logre el equilibrio y sea estable.
Ilustración: Guadalupe Giani
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